Estudie en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional, donde egresé como Ingeniero Electricista en la generación 1979-1983; durante mi época de estudiante tuve la oportunidad de trabajar en el sector privado, donde realice actividades relacionadas con la carrera profesional que cursaba, entonces no me imaginaba que en un futuro parte de mi actividad laboral sería desempeñarme como docente en el nivel medio superior.
Cuando termine mis estudios, de inmediato y aún antes de titularme, comencé a buscar colocarme en alguna de las empresas paraestatales que en ese entonces absorbían la mayor cantidad de ingenieros electricistas que egresaban de la Institución. Sin embargo, eran épocas económicas muy difíciles, de tal forma que era imposible encontrar cabida en estas empresas obligándome a buscar otras opciones, donde pudiese desempeñar actividades relacionadas con mi perfil profesional.
Desgraciadamente ante el empeoramiento de la crisis, únicamente se encontraban empleos eventuales o por obra determinada y a pesar de ello, no pasaba por mi mente ser docente. A mediados del año 1984, un compañero de generación que antes de estudiar la ingeniería se había titulado como Profesor de Educación Básica, en la Escuela Normal de Maestros, me invitó a integrarme como docente en un plantel de nueva creación perteneciente a la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial, porque no tenían profesores para cubrir las asignaturas correspondientes a la especialidad de Técnico Electricista.
Por mi condición laboral inestable acepté, no imaginando que a partir de ese momento estaría por iniciar una de las actividades más nobles que hasta la fecha he realizado. Es precisamente el 2 de septiembre de 1984, cuando oficialmente ingreso como profesor del nivel medio superior.
El plantel donde inicie mi carrera como profesor se encontraba en el municipio de Zumpango, Estado de México, en una localidad llamada San Juan Zitlaltepec, era una escuela que no tenía los mínimos servicios, es decir, drenaje, agua potable y luz eléctrica, además, para acceder a él, teníamos que caminar casi tres kilómetros en camino de terracería y a través de las milpas, razón por la que nos llamaban “los boinas verdes”.
En un principio y debido a mi juventud fue una grandiosa experiencia, y siempre tuve la idea de que sería por corto tiempo, hasta que superáramos la crisis. No se dio tan rápido, pero a pesar de todo y gracias al pensamiento que mis padres y uno de mis maestros del nivel superior me habían inspirado, desde el primer día de clase invertí todo mi esfuerzo y capacidad para solventar mis deficiencias como docente y adquirir de forma rápida esas habilidades tan increíbles que se necesitaban para ser profesor.
Al paso de los años y ante la gradual mejoría de la situación económica, conseguí un empleo bien remunerado en la iniciativa privada, que me hubiese permitido dejar mi labor docente, sin embargo, la nobleza y sencillez de los jóvenes que llegaban a estudiar al plantel, habían causado un gran impacto en mi forma de pensar y el cariño que me profesaban, impidió que dejara la práctica docente.
Al pasar los años me era más difícil tomar la decisión de dejar la docencia y tuve que equilibrar el tiempo de las dos actividades que realizaba, no fue tarea fácil, sin embargo ese deseo de superación que profesaban los alumnos y el carácter que mostraban para concluir su bachillerato tecnológico, me dio la fuerza para logarlo.
Tiempo después y por causas de salud deje el plantel que me vio nacer como profesor, sin embargo no dejé la docencia, solamente cambié el lugar donde la ejercía. Hasta la fecha y por necesidades de mi actividad profesional he cambiado mis planteles de adscripción y actualmente desarrollo mi actividad como profesor en el CBTis No. 227, ubicado en Tlalnepantla, Estado de México.
Para mí, el ser profesor ha sido una actividad que me ha llenado de satisfacciones, porque a través de los años he tenido la oportunidad de formar las conciencias de los miles de alumnos que han pasado por las aulas, inspirándoles el deseo de superarse y sobre todo, ayudándoles a cambiar su mentalidad para que desarrollen con agrado y siempre tratando de ser los mejores, cualquier actividad de su vida profesional y personal.
La oportunidad que la vida me dio de ser profesor en el nivel medio superior, me ha permitido preparar jóvenes en aspectos técnicos y laborales, siendo un motivo de orgullo hasta la fecha, que muchos de ellos ocupan muy buenas posiciones dentro de las empresas donde laboran y muchos otros realizaron una excelente carrera profesional, siendo algunos los más destacados de su generación.
Una gran cantidad de alumnos a los que les impartí clases, ahora me visitan para agradecerme ese conocimiento y el apoyo incondicional que siempre les brindé para que fuesen personas honestas, responsables y trabajadoras. Por eso hasta la fecha siento que el ser profesor es una de las actividades más nobles que se pueden realizar y a la que pocos podemos acceder.
Muchos momentos de satisfacción tengo, pero el más destacado es que he contribuido a moldear jóvenes que se han integrado a la vida productiva del país, que están brindado su mayor esfuerzo para sacarnos de la actual crisis económica, ya que es claro que si bien la crisis es económica, con todos esos jóvenes no tenemos crisis de talento.
También debo reconocer que tengo motivos de insatisfacción por todos aquellos jóvenes que no tomaron los consejos que les profesé, dejándose seducir por el lado oscuro de la delincuencia y por ese placer decadente que ofrecen las drogas.
Una cosa me ha enseñado el ser docente que nunca debemos sentirnos satisfechos por lo que hacemos, ya que siempre habrá más cosas que podamos lograr, porque la docencia es un don que puede cambiar voluntades para derribar cualquier barrera ideológica.
Cuando termine mis estudios, de inmediato y aún antes de titularme, comencé a buscar colocarme en alguna de las empresas paraestatales que en ese entonces absorbían la mayor cantidad de ingenieros electricistas que egresaban de la Institución. Sin embargo, eran épocas económicas muy difíciles, de tal forma que era imposible encontrar cabida en estas empresas obligándome a buscar otras opciones, donde pudiese desempeñar actividades relacionadas con mi perfil profesional.
Desgraciadamente ante el empeoramiento de la crisis, únicamente se encontraban empleos eventuales o por obra determinada y a pesar de ello, no pasaba por mi mente ser docente. A mediados del año 1984, un compañero de generación que antes de estudiar la ingeniería se había titulado como Profesor de Educación Básica, en la Escuela Normal de Maestros, me invitó a integrarme como docente en un plantel de nueva creación perteneciente a la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial, porque no tenían profesores para cubrir las asignaturas correspondientes a la especialidad de Técnico Electricista.
Por mi condición laboral inestable acepté, no imaginando que a partir de ese momento estaría por iniciar una de las actividades más nobles que hasta la fecha he realizado. Es precisamente el 2 de septiembre de 1984, cuando oficialmente ingreso como profesor del nivel medio superior.
El plantel donde inicie mi carrera como profesor se encontraba en el municipio de Zumpango, Estado de México, en una localidad llamada San Juan Zitlaltepec, era una escuela que no tenía los mínimos servicios, es decir, drenaje, agua potable y luz eléctrica, además, para acceder a él, teníamos que caminar casi tres kilómetros en camino de terracería y a través de las milpas, razón por la que nos llamaban “los boinas verdes”.
En un principio y debido a mi juventud fue una grandiosa experiencia, y siempre tuve la idea de que sería por corto tiempo, hasta que superáramos la crisis. No se dio tan rápido, pero a pesar de todo y gracias al pensamiento que mis padres y uno de mis maestros del nivel superior me habían inspirado, desde el primer día de clase invertí todo mi esfuerzo y capacidad para solventar mis deficiencias como docente y adquirir de forma rápida esas habilidades tan increíbles que se necesitaban para ser profesor.
Al paso de los años y ante la gradual mejoría de la situación económica, conseguí un empleo bien remunerado en la iniciativa privada, que me hubiese permitido dejar mi labor docente, sin embargo, la nobleza y sencillez de los jóvenes que llegaban a estudiar al plantel, habían causado un gran impacto en mi forma de pensar y el cariño que me profesaban, impidió que dejara la práctica docente.
Al pasar los años me era más difícil tomar la decisión de dejar la docencia y tuve que equilibrar el tiempo de las dos actividades que realizaba, no fue tarea fácil, sin embargo ese deseo de superación que profesaban los alumnos y el carácter que mostraban para concluir su bachillerato tecnológico, me dio la fuerza para logarlo.
Tiempo después y por causas de salud deje el plantel que me vio nacer como profesor, sin embargo no dejé la docencia, solamente cambié el lugar donde la ejercía. Hasta la fecha y por necesidades de mi actividad profesional he cambiado mis planteles de adscripción y actualmente desarrollo mi actividad como profesor en el CBTis No. 227, ubicado en Tlalnepantla, Estado de México.
Para mí, el ser profesor ha sido una actividad que me ha llenado de satisfacciones, porque a través de los años he tenido la oportunidad de formar las conciencias de los miles de alumnos que han pasado por las aulas, inspirándoles el deseo de superarse y sobre todo, ayudándoles a cambiar su mentalidad para que desarrollen con agrado y siempre tratando de ser los mejores, cualquier actividad de su vida profesional y personal.
La oportunidad que la vida me dio de ser profesor en el nivel medio superior, me ha permitido preparar jóvenes en aspectos técnicos y laborales, siendo un motivo de orgullo hasta la fecha, que muchos de ellos ocupan muy buenas posiciones dentro de las empresas donde laboran y muchos otros realizaron una excelente carrera profesional, siendo algunos los más destacados de su generación.
Una gran cantidad de alumnos a los que les impartí clases, ahora me visitan para agradecerme ese conocimiento y el apoyo incondicional que siempre les brindé para que fuesen personas honestas, responsables y trabajadoras. Por eso hasta la fecha siento que el ser profesor es una de las actividades más nobles que se pueden realizar y a la que pocos podemos acceder.
Muchos momentos de satisfacción tengo, pero el más destacado es que he contribuido a moldear jóvenes que se han integrado a la vida productiva del país, que están brindado su mayor esfuerzo para sacarnos de la actual crisis económica, ya que es claro que si bien la crisis es económica, con todos esos jóvenes no tenemos crisis de talento.
También debo reconocer que tengo motivos de insatisfacción por todos aquellos jóvenes que no tomaron los consejos que les profesé, dejándose seducir por el lado oscuro de la delincuencia y por ese placer decadente que ofrecen las drogas.
Una cosa me ha enseñado el ser docente que nunca debemos sentirnos satisfechos por lo que hacemos, ya que siempre habrá más cosas que podamos lograr, porque la docencia es un don que puede cambiar voluntades para derribar cualquier barrera ideológica.
